Bautismo de Jesús - Homilía 12.1.20 Padre Roberto Mena

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(ST) Homilía oral y escrita del Padre Roberto Mena.

BAUTISMO DE JESÚS
Hace una semana celebramos la Epifanía o manifestación de Jesús a los reyes que venían de lejos; la fiesta de hoy es una nueva manifestación, pero esta vez se nos manifiesta a nosotros pecadores que necesitamos convertirnos. Juan predicaba y bautizaba a todos los que acudían a su llamado y les decía: "Convertíos, el Reino de Dios está cerca, preparad los caminos del Señor". Un día, Jesús en persona, se presenta y le pide el bautismo. Este episodio nos debe hacer pensar hoy en nuestro bautismo.
Hermanas y hermanos:
1. Jesús comienza su vida pública, junto al río Jordán, dándonos una lección de humildad. Jesús se pone en la fila de los pecadores, haciéndose solidario con ellos. Al salir del agua suceden cosas maravillosas que manifiestan a Juan y a todos los presentes una gran noticia: Jesús es verdaderamente el Mesías que todos estaban esperando. Si los cielos se abren significa que con Jesús llegó el tiempo de la reconciliación entre Dios y los hombres. Si el Espíritu Santo desciende sobre Jesús como una paloma, significa que viene a traernos la misma vida de Dios. La voz que se oye en el cielo proclama que Jesús es el hijo predilecto del Padre, mucho más que un simple hombre, es una Persona divina.
2. Cuando nosotros recibimos el sacramento del Bautismo, se vuelve a oír la misma voz del cielo: "Tú eres mi hijo predilecto". Como en Jesús, comienza también para nosotros un camino y una misión. El Bautismo es, paradójicamente, un signo de muerte y de vida. Morimos al pecado, pero al mismo tiempo experimentamos un nuevo nacimiento. Quedamos renovados y convertidos en una creatura nueva. Jesús va a ser continuamente el guía de nuestra vida cristiana. En cada Misa dominical escucharemos cómo actúa Jesús durante su vida, curando enfermos, consolando a los atribulados, perdonando a los pecadores, resucitando a los muertos, proclamando a todos la buena noticia de la salvación. Es el nuevo estilo que marcará nuestra vida.
3. Hemos sido llamados para servir. Los seguidores de Jesús se comprometen a imitar a su maestro que consume toda su vida haciendo el bien. El sacramento del bautismo traza una línea divisoria entre quienes quieren vivir una vida de servicio y entre quienes prefieren vivir una vida centrada en sí mismos, olvidándose de los demás. Jesús vino a vivir una vida humana para enseñarnos a amar en el sufrimiento, en la lucha contra las injusticias, en la humillación. Nos hace descubrir con su ejemplo que los hombres llegamos a ser más hombres viviendo para los demás.
Que la contemplación del bautismo de Jesús y el recuerdo de nuestro propio bautismo nos ayuden a tomar conciencia de que debemos organizar nuestra vida a la luz del Evangelio. Hemos sido marcados con un signo indeleble para que nunca olvidemos que somos hijos de Dios. Por ello demos gracias a Dios, siempre y en todo lugar.

Padre Roberto Mena ST

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