Unos saduceos que niegan la resurrección - Homilía 10.11.19 Padre Roberto Mena

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(ST) Homilía Trigésimo segundo Domingo del Tiempo Ordinario del Padre Roberto Mena.

UNOS SADUCEOS QUE NIEGAN LA RESURRECCIÓN Lucas 20,27-38
Hermanas y hermanos:
Hoy las lecturas nos hablan otra vez de la vida futura a la que todos estamos destinados y que, pronto o tarde, llegará para cada uno de nosotros. Desde la antigüedad es un problema casi insoluble para los filósofos. Y es que la razón tiene dos umbrales: el principio y el final. Y ahí se debe quedar. Ni un paso más. Por detrás y por delante tiene dos campos que no le pertenecen.
El hombre nunca se ha resignado a la idea de la muerte. Por el contrario, los cristianos profesamos en el credo: "Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro". Morir, para el cristiano, es cambiar de casa, entrar en la Vida. Por eso, aunque sea un trance costoso, lo acepta con serenidad.
1. Las dudas que presentan estos saduceos escépticos es una cuestión real de vida o muerte. ¿Y si después de la muerte sólo hubiera nada, vacío, soledad? Este es el apasionante camino de la resurrección en busca de una explicación. Los fariseos esperaban la paz mesiánica. Se deleitaban en la contemplación del pasaje al que Cristo alude (Éxodo 3,6): "el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, que no es Dios de muertos sino Dios de vivos porque para él todos son vivos".
2. Este tema parece importar poco al hombre de hoy. Y esto es el verdadero problema. Un problema demasiado grave. La sociedad actual es superficial, hedonista. El Papa Benedicto XVI nos advierte que "hay quien vive como si nunca debiera morir o como si todo finalizara con la muerte; y algunos se comportan como si el hombre fuera el único artífice de su propio destino, como si Dios no existiese". Por eso quiero que des un frenazo en tus quehaceres cotidianos y te preguntes esto: ¿por qué existo? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy?
3. La respuesta nos la da Cristo en el Evangelio. Es parte de la revelación y el magisterio lo ha corroborado: ¡Cristo ha resucitado! Nosotros hemos sido incorporados a Cristo; si él ha resucitado, también nosotros vamos a resucitar. Porque si no, vana sería nuestra fe. Y si vana fuera nuestra fe. ¿Qué sentido puede tener nuestra vida? ¿Hay acaso forma más sencilla de ver lo que tanto nos supera? Y ¿qué podemos sacar de todo esto para nuestra vida de cristianos?
Si Cristo ha resucitado es que hay algo más que no está aquí de forma inmediata. Que no podemos ver. ¡Busquemos las cosas de arriba! La comunión eucarística que vamos a recibir es para nosotros "semilla de inmortalidad. Que Cristo resucite nuestras vidas y sea el motor del amor en este mundo y el trampolín hacia la vida eterna.

Padre Roberto Mena ST

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